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Sobre Límites, Premios y Castigos: La historia del palo y la zanahoria

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Buscando información sobre límites y premios para los niños, encontré este interesante artículo de Alejandro Busto Castelli de Psicología Ceibe al que agradezco desde aquí su apertura a que sea difundido también en El Parque de las Emociones.

Y antes de nada indicaros que: Es apto para ser leído al menos sorpresa peque2 veces, porque te puede hacer mirar una realidad sobre el efecto de los límites y premios desde una óptica muy diferente a la que muchos de nuestros lectores podrían estar acostumbrados. Es por eso que si hay algo que te resuena, ¡vuelve a leerlo de nuevo!:

¿Son los límites, premios y castigos eficaces para educar? 

Cada día de nuestra vida, argumentamos, defendemos, explicamos o compartimos nuestra cotidianidad a través del lenguaje, de las palabras con las que construimos sin duda nuestra realidad.

Desde lo más superficial hasta lo más esencial nuestro mundo cabalga a lomos de cada palabra que usamos, heredada o no, prestada o no, tal vez aprendida o incluso creativamente inventada. Y así nos embarcamos en extrañas travesías diarias, donde ni uno solo de estos curiosos caballos que nos permiten avanzar, resulta gratis. Ninguno es casual. Quizá por eso me parece importante reflexionar sobre ellas.

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En relación a la crianza y educación infantil, en mi trabajo diario con padres y madres, en mi vida como padre, aparece de forma machacona una palabra. A veces en boca de un profesional contrastado, en boca de un gurú de nuevo cuño, en el llamativo título de un libro, en una charla en el andén del metro….

Límites

enseñando

Es curioso, porque como por arte de magia a veces las palabras se encadenan. Y unas no viven sin otras. Sin saber muy bien su significado y glorificando nuestra más oscura mediocridad, cada vez que por ejemplo decimos “calidad”, nos vemos obligados a decir en la frase siguiente “cantidad”… y si decimos “limites”, tendremos que añadir para parecer que sabemos.. “los niños necesitan…”

La palabra límite crea en los sistemas familiares una realidad constante. La razón de ser de esta palabra tiene que ver con su origen latín, “limes” usado por los romanos para expresar una línea real o imaginaria, una frontera que separa dos cosas. ¿A quién y de que separan los limites en educación y crianza?

Definitivamente la palabreja no me gusta y menos el uso que se hace de ella, desde algunos sectores de la psicopedagogía, en una cantinela aburrida sobre los “limites” que debemos poner a los niños.

Ahora bien, teniendo esto en cuenta, mi visión es que desde el punto de vista de la educación emocional es fundamental clarificar con argumentos cual es el marco de juego de un sistema. Un marco de juego que lo es, en esencia para todos los integrantes del mismo, sean niños o adultos. Como líneas generales más que obvias, este marco de juego debería girar en torno a la no violencia, la gestión de emociones como la ira, la rabia o la tristeza, el cuidado individual y del otro, la integridad física y emocional.

Si a esto le queremos llamar limites, por mi está bien. Pero negociemos de lo que estamos hablando. No le debes gritar a tu hermano, porque en este sistema ninguno de sus integrantes grita, porque ese es el acuerdo, el marco en el que nos movemos y porque en él nos sentimos emocionalmente equilibrados y respetados. Y cuando alguien lo hace, porque no ha sabido o podido hacerlo mejor, claramente está faltando al grupo y al acuerdo puesto en común.

Cada uno desde su lugar, desde su pequeño o gran mundo, necesita realizar un aprendizaje en este sentido y asumir las consecuencias emocionales que sus actos o dichos tienen sobre el resto. Así que establecer este marco de juego como padres, resulta de vital importancia, del punto de vista del desarrollo de los niños y adultos enmarcados dentro de un determinado sistema familiar.

Tengo muchas dudas respecto a que cuando se habla de limites desde ciertos sectores pretendidamente inocuos, blancos y puros, se esté haciendo desde ese lugar que toma en cuenta al niño, que empatiza con él, que negocia y termina por asumir su propia responsabilidad en el desarrollo del marco relacional del que estábamos hablando.

No puedo defender sin embargo, que establecer estos marcos sea tarea sencilla. No me gustaría que se entendiera desde la simplicidad que expresa la frase “mejor es sencillo”. Creo que es francamente difícil sin un proceso de reeducación, que nos permita cuestionar sin dolor que fuimos sometidos por gente que nos quiso o quiere bien, a límites innecesarios, sociales, culturales, heredados y poco razonados. Es difícil y agotador sin la consistencia necesaria, el no vivir pendiente de los opinólogos expertos o no, profesionales o no, farsantes o no, siempre dispuestos a recordarnos que coqueteamos con el  fracaso familiar, porque “tus hijos hacen lo que quieren y cuando quieren y eso no puede ser”.

Una frase por cierto que a fuerza de ser oída ha terminado por gustarme. En el fondo y en el frente esta frase… es un canto a la libertad. Así que, “ojala!, ojalá!”…pienso una y otra vez.

En este sentido creo firmemente en la autorregulación de los niños, ya que cuando están neurológica y psicológicamente preparados y encuentran el entorno donde desarrollarse en libertad, todo fluye y de verdad no hacen falta grandes recetas ¿De eso se trata no? De libertad, por lo menos para mí y no deja de resultar cuanto menos curioso, que algunas de las acepciones de la palabra “limite” tengan que ver con la ausencia de libertad.

Y entonces el lector o lectora, me lee y resuena en su cabeza “educar sin límites, pero por favor con algún método”. Así inundados por estrategias motivadoras y recetas educacionales perpetuadoras de conductas adaptadas, es posible que ahora se pregunte ávido como encajar en este discurso los sistemas de castigos y recompensas. El palo y la zanahoria, el poli malo y el poli bueno ¿Son los premios y las recompensas eficaces para educar y criar niños? ¿Y los castigos?

Dejemos que empiece a contestar a estas preguntas, mi hijo mayor Nicolás, de casi 7 años ahora.

awardEl año que se escolarizó, con 5 y medio, a raíz de su gusto y curiosidad por los números fue “diferenciado” por su maestra proponiéndole tareas de mayor dificultad que al resto.

Esto era premiado cada día con una medalla de cartón. La primera fue recibida por él con mucho orgullo, no paraba de enseñarla. La colgó en su habitación.

Pasada una semana de cartoncitos diarios, un día no trajo medallas.

Le preguntamos, sometidos nosotros también al falso reflejo del premio, como aquel de los espejitos de colores: ¿Nico que pasó? ¿No hubo hoy medallas? Nos miró y nos dijo: “Es que hoy no quise”.

Hoy no quise. ¿Qué significa esto? ¿Qué había sucedido entonces?, ¿Acaso esas medallas no reforzarían para siempre jamás la conducta académica y aplicada del niño que puede hacer sumas y ser diferente? ¿Era tan difícil entender que hacer sumas le fascina, le moviliza, le conecta?

En un niño sometido al mandato adulto, sin poder de decisión, sin autonomía, penalizado en su sentir, quizá hubiera funcionado. Quizá hubiera acumulado medallas…. de por vida, quizá. No por la satisfacción del resultado obtenido a través de su esfuerzo, sino por la medalla en sí misma.

En un niño habituado a expresar lo que siente, a demandar sus necesidades, a elegir sus actividades o a rechazarlas, a regularse en funciones básicas como el sueño y la alimentación, que le premien o no una actividad concreta no funciona para perpetuarla… si ese día él no quiere. Simplemente porque ha aprendido a respetar su criterio. Y la conexión con su mundo emocional cierto es mucho más poderosa como reforzador que la efímera alegría de una o mil medallas de cartón.

[Tweet “Y la conexión con su mundo emocional es más reforzador que la efímera alegría de mil medallas de cartón”].

No pocas veces me preguntan por métodos de castigo. Me toca opinar sobre dos tipos de castigos: El cachete y la silla de pensar. Como primera premisa, quiero decir alto y claro que yo no creo en los castigos. Ni como profesional, ni como padre. Los cachetes, bofetadas o nalgadas (en algunos lugares de Latinoamérica se habla de nalgadas. En mi país de origen Uruguay, el nombre es más creativo: Zapatería en el culo), son maltrato. No son sistemas o formas de educación. Maltrato físico y psicológico en tanto en cuenta apela a la indefensión a través del miedo que provoca ser agredido. Por lo tanto no opino, o más bien si opino que el maltrato no está en el ámbito de lo educativo sino de lo penal.

Acerca de la silla de pensar, escribí en el libro “Una nueva paternidad” un capítulo entero al respecto[1].  Es una técnica que pretende ofrecer a padres y madres una solución sobre el manejo de las rabietas infantiles y un aprendizaje emocional a los niños, a la vez que ignoramos lo que ellos y nosotros sentimos. Es como cocinar sin comida, es intentar beber agua en un vaso vacío. Es ridículo. Padres y madres incapaces de gestionar su propia rabia, abandonan a su suerte a sus hijos, en un rincón “para pensar”, pidiéndoles que hagan lo que ellos en más de 30 años han sido incapaces de hacer.

Digo en el libro comentando otras formas alternativas de gestión…“Y así intentándolo una y otra vez el tiempo fuera se convierte en tiempo dentro, no hay sillas o rincones para pensar, porque cada rincón es un lugar donde sentir juntos”.

Retomando el tema de los premios y recompensas, una primera reflexión es tomar conciencia que habitualmente son ofrecidas desde fuera de nosotros, por otros o por las circunstancias, o por el propio sistema en forma de salario por ejemplo. Como dije más arriba que si bien no creí nunca en el palo, dejar de creer en la zanahoria me llevo muchos más años.

Cuando estudiaba primero en la carrera y leía y aprobaba exámenes sobre condicionamientos, todavía le veía un sentido a las recompensas mientras aprendía desde dentro del propio paradigma conductista sobre aquellos estudios que hablaban de la ineficacia del castigo.

La llegada a mi vida de la paternidad termino de encajar el puzzle acerca de los premios, de las recompensas.

Como dice Alfie Kohn se trata de una gran verdad: los programas basados en recompensas claro que motivan a niños, adolescentes y adultos!!… los motivan a obtener recompensas. Y no hay más.

Si alguien quiere que su hijo en un futuro no muy lejano, no persiga sus metas y sueños, no se desarrolle más allá de la opinión del profesor o jefe de turno, su propio padre o madre, deje de investigar, curiosear, arriesgar y en definitiva vivir.

Si alguien quiere que su hijo persiga enfermizamente y de por vida el juicio indulgente de una sociedad enferma. Entonces que le eduque con castigos y recompensas.

Estará en el buen camino. Y de paso que le ponga límites. De todo tipo. Acerca de lo que debe o no comer, acerca del tiempo que debe o no jugar, acerca de lo que debe o no dormir, acerca de las actividades o no que debe hacer, a quien debe decir gracias y a quien no, a quien debe besar y a quien no, acerca de lo que “está bien” sentir y lo que jamás podrá sentir. Acerca de su propio sentido de la libertad.

Que lo haga… y que respete una premisa fundamental: Que se asegure que queda bien clarito de que esos “limites”, son solo mientras siga siendo niño o niña. Son para él o ella… nunca para los adultos.

Los mayores hacemos lo que queremos, que para eso somos adultos… ¿Por qué hacemos lo que queremos no?

Por último, quiero agradecer especialmente a la periodista venezolana, Berna Iskandar de “Conoce mi mundo”, que me sugirió escribir sobre el tema e inspiró a través de sus preguntas, la gran mayoría de las reflexiones de este artículo.

Podrían interesarte también:

[1] Artículo “Yo quiero escurrir lechugas” del libro “Una nueva paternidad” Varios autores Ed. Pedagogía Blanca 2014

Alejandro Bustos CastelliAutor: Alejandro Busto Castelli de Psicología Ceibe. Expertos en psicoterapia infantil y de pareja, son defensores del modelo de crianza en positivo o respetuosa y de la nueva psicología positiva de Martín Seligman. Directores del proyecto “Psicología CEIBE” desde el 2000, formados en España y ambos con raíces latinoamericanas, impulsan un tipo de ser humano, dueño de sus decisiones, consistente y coherente, que apuesta por su potencial y sus fortalezas para crecer a pesar de la sociedad y las circunstancias actuales.

1 Comentario

  • Maria Publicado 11 junio, 2014 5:01 pm

    Es una manera muy interesante de verlo, aunque muy cansada para los padres. A veces lo más fácil es darle un pequeño grito… pero a la larga… tiene razón este artículo.
    Gracias!

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Yo me apunté para intentar mejorar mi gestión emocional y ver si eso podia mejorar la comunicación y relación que tengo con mi hijo de 16 años. Si que me ha ayudado en ese sentido y estoy contenta de haber realizado el curso. El curso es muy bueno y muy completo. Y tambien lo bueno que tiene es que luego queda todo grabado y una lo puede revisar cuando tenga más tiempo. La profe es magnifica y se involucra un montón. Lo vive y lo trasmite . Ojala hubiera tenido yo unas profes asi durante mi educaciion infantil . Estos cursos los deberia hacer todo el mundo …

Marta Godé - Madre de adolescente
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“Mayalen”… nombre precioso y mágico para mi desde que decidí  empezar este curso maravilloso, práctico, enriquecedor tanto personal como profesionalmente. Mayalen es “LA rencontre” (el encuentro) que buscaba y esperaba desde hace años para crecer en el ámbito de la educación. Merci de tout mon cœur Aurélie

Aurélie Laporte - Profe de primaria
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El parque de las emociones es un lugar muy rico que regala una gran fortuna, tanto personal como profesional. A mi me ha servido para descubrir mis emociones gestionarlas y canalizarlas, en primer lugar. Y en Segundo lugar llevar todo el aprendizaje a mi clase. Yo soy profe de infantil y siempre digo que yo soy la profesora que yo hubiera querido tener y aportar a los niños herramientas para que se muevan por la vida con autonomía y seguridad. Pero sobre todo que aprendan que pueden elegir la respuesta apropiada a cada momento. ESTE CURSO ES UN REGALO en este sentido. VITAMINAS PARA EL ALMA!!!! GRACIASSSSSS

Leticia Martínez - Profe de infantil
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“De aprender más, saber que tengo unos compañeros estupendos y que se puede confiar en ellos.”

Yoana - 3º ESO
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¿Qué has aprendido en estas clases?. “He aprendido muchas cosas, por ejemplo, a controlar las emociones, la paciencia, etc… Pero lo más importante para mi es que nos hemos unido como un grupo, y nos hemos aceptado tal y como somos. He aprendido a valorarme tal y como soy , y a tratar con respeto y amor a los demás”

Carla - 3º ESO
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Creo que es un gran mérito poder adaptar este curso online ya que ha sido maravilloso para mi.

Lo recomendaría porque creo que es una manera de conocerse a uno mismo y poder entender a los demás

Pilar Jimenez - Orientadora
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Lo recomiendo porque has ido mucho al grano y muy concreto todo de problemas de nuestro día a día. Y de saber ponernos en los zapatos de los demás. Me has aportado mucho valor, ya que me abierto mucho con mis problemas y he podido dar ese enfoque concreto

Noelia - madre y formadora en disciplina positiva
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Hola, me llamo Bea, hice la formación online en Agosto 2020.
Personalmente ha mejorado infinito mi relación con mi entorno. Ofrece herramientas básicas para una vida saludable emocionalmente, me siento em la obligación de promocionarla. Crees que no lo necesitas hasta que lo haces, para educadores, para todos. Hay muchos cursos, pero muchos venden sin más, Mayalen Marín, forma, consigue de forma muy sencilla hacer llegar los contenidos a todos, infórmate.

Bea, trabajadora y madre de tres adolescentes
minerva.png

La simpatía, calidad humana, creatividad y profesionalidad del equipo de “El Parque” me han permitido disfrutar de grandes momentos de aprendizaje y diversión. Cuando parece que todo está “dicho” en cuanto a la gestión de las emociones, aparece “El Parque” para demostrarnos cuanto hay aún por hacer, especialmente cuanto tenemos por hacer para ayudar a nuestros niños y adolescentes a que aprendan a gestionar sus propias emociones de forma constructiva.

Minerva Tejero - Terapeuta Ayurveda
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Realicé su curso online de educación emocional aplicada y se lo recomendaría a cualquier educador, padre, madre, maestro, psicólogo, profesor, monitor… Que quiera tener herramientas válidas para educar en emociones y aprender a manejar situaciones conflictivas con la técnica de resolución de conflictos.
El valor que se da en este curso no lo he visto en ningún otro, especialmente porque tienes la oportunidad de interactuar ya que es en Directo (no grabado) y se ajusta a las necesidades del grupo!
Estoy muy agradecida.

Paloma - Psicóloga

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